Hablamos con las investigadoras del CREAF que analizan la calidad del aire y del suelo a través de las acelgas cultivadas en los huertos Green for Good

Corina Basnou i Sandra Calduch
Las plantas pueden explicar mucho más de lo que parece a simple vista. Pueden revelar la calidad del aire que respiramos, el estado del suelo que pisamos e, incluso, dar pistas sobre la salud de las personas que habitan las ciudades. Con esta mirada nace HealthyCities4All, uno de los primeros frutos de la alianza entre la Fundación Ferrer Green for Good y el CREAF.
Conversamos con las investigadoras que lideran el estudio, Corina Basnou y Sandra Calduch, en el Huerto IE La Mina (Sant Adrià de Besòs), uno de los huertos Green for Good donde se desarrolla esta investigación junto con el Huerto La Florida (L’Hospitalet de Llobregat). A través del análisis de las acelgas, el proyecto investiga cómo estos espacios pueden actuar como indicadores vivos de la salud ambiental urbana y abre nuevas vías para entender la relación entre biodiversidad, contaminación y bienestar.
Una conversación para profundizar en cómo la investigación científica puede contribuir a transformar las ciudades y en el papel que pueden desempeñar los huertos urbanos sociales como laboratorios vivos al servicio de la sociedad.
– ¿Cómo nace el proyecto HealthyCities4All y qué lo hace innovador dentro de la investigación en salud urbana?
Corina Basnou: Es un proyecto que nació gracias a la colaboración con la Fundación Ferrer Green for Good y fue una muy buena sinergia entre la Fundación y la investigación que realizamos en el CREAF. De hecho, es un estudio que complementa años de seguimiento de la calidad del aire y del llamado seguimiento de la salud urbana, que comenzó hace ya algunos años en el CREAF.
– ¿Por qué es importante estudiar la relación entre huertos urbanos sociales y salud ambiental de las ciudades?
Corina Basnou: Los huertos urbanos son oasis de biodiversidad en las ciudades. Son las llamadas soluciones basadas en la naturaleza, que aportan muchos servicios ecosistémicos, mucha biodiversidad a una ciudad, pero además son laboratorios vivos que nos permiten hacer este seguimiento relacionado con la calidad del aire. Utilizamos las plantas como bioindicadores e intentamos entender las historias que nos cuentan las hojas. El hecho de que todo lo que se cultiva en el huerto sea, en su mayoría, comestible nos ayuda, por un lado, a ver si lo que se consume es saludable para la ingesta y la salud humana, pero también nos permite incorporar esta idea de utilizar las plantas como bioindicadores y ver, a través de los estudios de las concentraciones de contaminantes en el tejido foliar, cuál es la calidad del aire y del suelo.
– ¿Qué han podido aportar los huertos urbanos sociales de la Fundación Ferrer Green for Good a vuestra investigación?
Corina Basnou: Creo que, en primer lugar, nos da la oportunidad de tener acceso a estos laboratorios vivos e integrar también esta visión más social que aporta la Fundació Ferrer Green for Good. Nos permite incorporar la mirada de los usuarios, en este caso de un entorno escolar. Es muy interesante comprobar que es un huerto que además se utiliza como aula al aire libre. Creo que es el inicio de futuras colaboraciones. Cada vez que venimos aquí y hablamos con la Fundación, surgen nuevas ideas para seguir investigando.

– ¿Por qué habéis elegido las acelgas como especie para analizar la contaminación?
Corina Basnou: Necesitábamos hortalizas, es decir, plantas comestibles, pero también con hojas amplias. Cuanto más ancha es la hoja, mayor es la capacidad de asimilación y más fácil es obtener resultados.
– ¿Qué indicadores os permiten detectar la presencia de contaminantes a través de las hojas?
Corina Basnou: Realizamos un análisis de la hoja para entender la calidad del aire y también si la planta está sana o no. En este caso utilizamos como indicadores los metales pesados, que son importantes porque forman parte de la contaminación atmosférica y son muy tóxicos. La planta necesita algunos metales esenciales para crecer y realizar procesos como la fotosíntesis, como el manganeso, el hierro o el zinc. Pero si estos se encuentran en cantidades demasiado altas, pueden resultar perjudiciales. Además, hay metales pesados que son siempre tóxicos y que la planta no necesita, como el cadmio o el plomo. Cuando detectamos estos metales en la planta, sabemos que hay un problema importante de contaminación, ya sea en el aire o en el suelo. Esto nos permite hacer análisis más precisos que con sensores, utilizando las hojas como si fueran sensores naturales.
– ¿Qué riesgos tienen para la salud humana estos metales pesados?
Corina Basnou: Estos metales pesados presentes en el aire —que pueden proceder, por ejemplo, del desgaste de los frenos, de incendios, de fertilizantes o de vertederos, pero que sobre todo están relacionados con el tráfico— pueden suponer riesgos importantes para la salud. Algunos de estos metales, muy tóxicos y cancerígenos (como el níquel, el cadmio o el plomo), se acumulan en los huesos, los riñones y el hígado. Son muy persistentes y pueden permanecer en el organismo durante décadas.
– Aún es pronto para tener conclusiones, pero ¿qué esperáis encontrar?
Sandra Calduch: No esperamos encontrar resultados perjudiciales en cuanto al consumo de las acelgas, porque en otros estudios realizados en huertos situados en zonas con alto tráfico en Barcelona no se encontraron problemas. Esperamos que esto nos sirva para hacer un seguimiento a largo plazo de la contaminación ambiental a través de las hojas.
– ¿Cuál era vuestra hipótesis de investigación?
Corina Basnou: Nuestra hipótesis era que todo lo que se cultiva en los huertos urbanos de Barcelona que tienen esta gestión ecológica es más saludable que lo que compramos en el mercado o en el supermercado. No llegamos a hacer esta comparación con productos del supermercado, pero hasta ahora no hemos encontrado contaminación. El consumo de estos productos cultivados no comporta ningún riesgo para la salud humana. Sin embargo, sí encontramos indicios claros de contaminación por metales pesados en el aire.
– ¿Cómo pueden influir vuestros resultados en el diseño de las ciudades del futuro?
Corina Basnou: Los resultados a largo plazo serán mucho más interesantes a la hora de ayudar a diseñar políticas de planificación urbana y de movilidad más sostenibles, especialmente en relación con la calidad del aire. Hemos encontrado relaciones muy claras con el tráfico, detectando metales pesados en distintos puntos de Barcelona y evidencias de contaminación asociada a este.
– Habláis de una metodología económica y fácil de aplicar: ¿en qué consiste exactamente?
Sandra Calduch: Básicamente en que recogemos hojas de acelga en lugar de utilizar sensores de contaminación ambiental, que son más costosos de instalar. Es una metodología bastante sencilla que se puede replicar fácilmente en diferentes puntos de la ciudad.
– ¿Se están desarrollando proyectos internacionales en este sentido?
Corina Basnou: Aún falta mucha pedagogía, porque no todas las ciudades son conscientes de estos beneficios, de esta oportunidad y de la facilidad de incorporar las plantas, las hojas, como indicadores de la contaminación urbana.
– ¿Cómo conecta esta investigación con los principios de la permacultura y la agricultura regenerativa?
Sandra Calduch: En este tipo de huertos no se utilizan fertilizantes y se tiene en cuenta la asociación de diferentes especies cultivadas y la rotación de cultivos para mejorar la calidad del suelo. También se utilizan compuestos orgánicos y plantas que atraen fauna que combate las plagas, en lugar de emplear pesticidas.
– ¿Cómo imagináis las ciudades del futuro si este tipo de iniciativas se escala?
Sandra Calduch: Idealmente, contar con este tipo de huertos urbanos dentro de cada comunidad de vecinos o que cada escuela dispusiera de uno sería lo ideal. Al final, tienes un espacio verde, de biodiversidad y también un espacio donde las personas pueden relacionarse. Reúne todos los elementos que contribuyen a la salud, no solo ambiental, sino también de las personas. De hecho, aquí, en el barrio de La Mina, este espacio contribuye a aumentar las zonas verdes del entorno.
Corina Basnou: Idealmente, cada escuela debería tener un espacio así, un huerto urbano como este, incluso más verde y con más biodiversidad. También imagino menos espacios grises y más espacios verdes y biodiversos, con mayor estratificación de la vegetación. Me imagino más espacios como este junto a hospitales y más accesibles para personas con discapacidad. Espacios más inclusivos, más espacios como estos para personas mayores, para pacientes de hospitales, etcétera.

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